2 de diciembre de 2016

25 años no son nada.

No fue ayer ni la semana pasada, pero tal vez unos días antes empecé en esto de las TIC. Fue en una experiencia laboral de un pequeño ayuntamiento de la provincia de Barcelona. Se trataba de informatizar el proceso de gestión de las cuotas urbanísticas que se hacía, como el Avecrem, a mano.

Así pues, el ayuntamiento se decidió a adquirir un sistema Philips 286 que debió costar un dineral con un bonito teclado (sin ratón). Le instalé MS-DOS, pues venía sin sistema operativo, y el Windows 3.0. Y no os lo perdáis: el Excel 1.0 también. De esta forma, lo que antes era un proceso que se hacía entre la máquina de escribir y la fotocopiadora y nos llevaba varios meses, se podía hacer en unas pocas semanas. Y así funcionaban muchas otras cuestiones de la maravillosa administración pública.

En ese ordenador –insisto- sin ratón aprendí a utilizar el Office e incluso a dibujar con el teclado en el Paintbrush J

Luego vinieron Windows 3.1 y 3.11, donde montamos una red coaxial y NT que ya profesionalizó bastante el asunto: un servidor central que sustituía a la maravillosa Novell y, definitivamente, jubilaba unos sistemas Fujitsu con un sistema operativo llamado algo así como Theos Real. ¿Puede ser?

Por supuesto, ni rastro de Internet. Aparecieron luego, al cabo de unos años, las BSS. Y pudimos comprar un módem cuya velocidad no recuerdo. ¿Tal vez 33.000 bps? Lento como un demonio. Y vino alguien de la diputación y nos habló de una cosa que se llamaba mail. Ya tenía sentido ese signo del teclado llamado ‘arroba’ y que yo no entendía para qué demonios servía J

Allí entrabas en pequeños foros y bajabas imágenes y textos. ¡Era alucinante! ¡Incluso gente de la otra punta del mundo podía compartir información contigo! Tremendo.

Luego compramos todos los frikis del mundo el PC World con el Windows 2000 Professional que… Oh, ¡qué error! Llevaba un número de serie equivocado para la demo. La revista se dio prisa, lo puso accesible en la Web y… ¡caramba! Nuevo error, que resultó ser una versión definitiva del producto.

Y entre las revistas PC World y PC Actual junto con todo este tipo de publicaciones y la poquísima información disponible a través de los lentísimos módems, íbamos subsistiendo como podíamos.

Luego llegó Internet y más tarde (bastante más) los blogs, donde ya se podía compartir información.

Y, claro, en los cambios de año todo hijo de vecino comprobando que los sistemas funcionaran bien. Nosotros hicimos la prueba una semana antes y verificamos que no pasaba nada, así que me fui a Berlín a ver tocar a Mike Oldfield en la mágica noche del cambio de milenio. Efectivamente, nada sucedió el 1 de enero y todo el mundo fue a trabajar tan ricamente.

Cada usuario debía tener una impresora conectada por puerto paralelo y los virus ya empezaban a llevarnos de cabeza. ¡Maldita sea! ¡Este MS-DOS perfectamente pirateado lleva en el disco 1 el barrotes! A ver cómo explico yo que hay que comprar un antivirus J

Luego llegaron las impresoras de red: maravilla de las maravillas, tú estabas en tu PC, mandabas una impresión y salía en la planta de abajo o en la de arriba! Magia!! Espero que no me quemen en la hoguera por hereje J

Y descubres que si hay 40 empleados tienes 39 jefes, pues todos te mandan: quiero esto, quiero aquello, no sé hacer esto y no sé hacer lo otro. Y con la bonita ayuda de nadie, porque no existe Internet ni blogs ni leches, te vas buscando la vida como puedes y solucionando los problemas a trompicones, obviamente, y entiendes la necesidad de la formación en nuestro mundo TIC que, ya en los inicios, se veía como un gasto infame.

La llegada de los blogs fue un antes y un después ¿verdad? Tenías una duda y la podías poner en esa ciberchuleta que siempre estaba disponible y todo el mundo podía consultar. ¡Qué vergüenza! E incluso podían comentar y decir si les gustaba o no. Qué cosas, ¿eh?

Luego llegaron los móviles, que más que móviles eran aparatos de asesinar porque si te tiraban uno te podían matar de lo grandes que eran y lo que pesaban. Daba vergüenza ajena ver a gente por la calle hablando al aparato y fardando. “¡Yo jamás lo haré!”, pensabas…

Y fueron llegando los sistemas Linux que cada año iban a matar a los Windows, pero que parecían tener unas balas de fogueo. Mac iba a su ritmo y prácticamente nadie lo usaba porque era terriblemente caro. Algún amigo diseñador o músico y poco más. Lo veías como una cosa muy bonita que estaba en las tiendas que vendían Mac (muy pocas) y en las revistas mensuales y pensabas: Ohhh, qué bonitos, ¡yo quiero uno! Pero claro, valía más que un coche J

Y así todo se aceleró enormemente. La llegada de las redes sociales y su integración con los móviles ha hecho que aparezcan incluso enfermedades tecnológicas como Apnea del Whatsapp o Depresión del Facebook y entiendes que nos hemos convertido en la tribu de los cabezas inclinadas.

La tecnología lo ha invadido todo. Gente muere porque se hace un selfie, no calcula bien y cae al precipicio. Demasiada información por doquier, demasiada velocidad en todo, no da tiempo a aprender una tecnología porque ya ha salido otra. La Inteligencia Artificial se acerca a una velocidad terrible y los expertos dicen que será el peor error de la humanidad.

Y todo sucede en cuestión de años que parecen meses, semanas, días… segundos. El mundo está loco, se acelera y se autodestruye. Todos somos de otro planeta y la Naturaleza ni siquiera sabemos qué es, pues vivimos de espaldas a ella.
  
Así que habrá que recuperar esas subscripciones perdidas y gratuitas a pasear entre naranjos, saborear una almendra, aún casi líquida, y oler la piel del limón que has cogido con todo el cariño del árbol y dar gracias por la existencia todavía en un mundo no digital. 

2 de agosto de 2016

Desde la periferia de la periferia

Como sabéis vivo en Sóller donde también tengo la oficina principal de Ncora. Desde la periferia de la periferia es posible también hacer negocios y vivir con una gran calidad de vida. Aquí en España el centro sería Madrid, incluso Barcelona. Trabajar en cualquier otra provincia ya es la periferia. Y esa periferia sería, por ejemplo Mallorca. No obstante en Mallorca el centro es Palma, donde viven unos 400.000 de los 860.000 habitantes que tiene la isla. Estar en Sóller, por tanto, es estar en la periferia local de lo que es la periferia a nivel nacional.

Y, sin embargo, con los avances tecnológicos, móvil, videoconferencia, correo electrónico, estar cerca del cliente no es cuestión de distancia, simplemente de voluntad. Entiendo que psicológicamente parece que si no tienes la oficina en el centro de Madrid o en el centro de Barcelona no eres nadie, pero hay que cambiar ese chip: el mundo es muy pequeño y, como ya comenté en un artículo hace unos días, la calidad de vida en las grandes ciudades no es la mejor.

¿Porqué no podemos trabajar desde un lugar alejado de las grandes ciudades? Basta disponer de una buena conexión a Internet y saber que si tienes que visitar a un cliente vas a tener que hacer un recorrido extra. En mi caso de Sóller al aeropuerto de Mallorca tengo 30 minutos. Desde Palma a Barcelona es un vuelo muy corto, con esperas y demás una hora. Y a Madrid es una hora y media más o menos. Obviamente habrá que utilizar hoteles y desplazarse de un lugar a otro.

Seguramente costará más encontrar a gente que quiera trabajar en un lugar fuera de la ciudad, pero a la que lo consigues, puedes tener a un equipo genial y eso habrá valido la pena. No descartemos que nuestros trabajadores hagan teletrabajo. Hay muchas opciones para ello y seguro que funciona bien con confianza mutua y, obviamente, con trabajadores que realmente sean profesionales.

Por otra parte hay que organizarse bien. Si vas a visitar clientes pues aprovecho para hacer una ruta por Madrid, Bilbao, Barcelona... y veo a proveedores, amigos... La verdad es que cada vez me da más pereza salir, con la familia creciendo cuesta todo un poco más :-) Pero hay que quitarse la pereza y hacerlo. El contacto con los clientes es muy importante.

No dejéis de valorarlo. Dar un paseo en barco y tener estas vistas no tiene precio. A ver si de tanto escribir estos posts os pico y os venís a Sóller :-)

19 de julio de 2016

La vida en grandes ciudades

Como sabéis desde que he sido padre y me he venido a vivir a Sóller se ha despertado mucho en mí el sentimiento de que estamos viviendo de espaldas a la naturaleza. Siempre me gustó la naturaleza y siempre quise vivir en ella. Cuando lo conseguí, pasados los 40 ha sido como volver a nacer. Literalmente.

Tengo muchos amigos en Madrid y Barcelona y me comentan que el día a día es bastante terrible. Sobre todo el espacio de tiempo que lleva salir de casa y llegar al trabajo y el regreso. En ocasiones hasta hora y media, que se dice pronto... Entre 10 y 15h a la semana perdidas en el transporte.

Vivir rodeados de ruido, coches, humo, estrés... suele pasar factura y nos robotiza y nos deshumaniza. Al no disponer de espacios naturales cerca la solución fácil suele ser estar delante del televisor, lo que nos separa aún más de nuestros orígenes.

Y el fin de semana hay que huir a donde sea ¿verdad? Estar en la playa, en la montaña, en cualquier pueblo, cuanto más pequeño mejor y cuanto más rural mejor. La pulsión del ser humano de vivir rodeado de lo natural vive en nosotros y, aunque estemos años ocultándola, se revela una y otra vez para intentar indicarnos un camino distinto.

Siempre he creído que vivir en la ciudad es algo extraño para el ser humano, pero nos acostumbramos porque allí tenemos a nuestra familia, a nuestros amigos, nuestro trabajo (seguramente el tema más importante). De hecho, si nacemos ya en ella, será más complicado de salir, pues la ciudad nos atrapa con mil reclamos.

No os negaré que me gusta ir a Madrid y a Barcelona y pasear o cenar con los amigos. Ver conciertos, teatro... Es innegable. Seguramente están las mejores librerías y los mejores cines. Me gustan las ciudades para ir de visitante, de guiri, como algo ocasional, no para vivir en ellas.

Por fortuna cada vez es menos necesario estar en la ciudad. Las comunicaciones llegan a los entornos rurales, se puede estar conectado al mundo laboral sin problemas y, si realizamos trabajo sentados en un escritorio delante de un ordenador y un teléfono, probablemente lo único que nos falta para irnos a vivir al campo y mejorar sustancialmente nuestra calidad de vida y la de los nuestros es falta de voluntad.

Os animo a que lo intentéis. Descubriréis lo maravilloso que es cuidar tu huerto y recoger tus tomates, pimientos verdes, calabacines, habas...

Escuchar el canto de los pájaros al amanecer cada día es la mejor sinfonía soñada para despertar. "Ensuciaros" las manos con la tierra os dignificará y os quitará ceros y unos de vuestro cuerpo, que buena falta nos hace.