© Josep Ros. Con la tecnología de Blogger.

La vida en grandes ciudades


Como sabéis desde que he sido padre y me he venido a vivir a Sóller se ha despertado mucho en mí el sentimiento de que estamos viviendo de espaldas a la naturaleza. Siempre me gustó la naturaleza y siempre quise vivir en ella. Cuando lo conseguí, pasados los 40 ha sido como volver a nacer. Literalmente.

Tengo muchos amigos en Madrid y Barcelona y me comentan que el día a día es bastante terrible. Sobre todo el espacio de tiempo que lleva salir de casa y llegar al trabajo y el regreso. En ocasiones hasta hora y media, que se dice pronto... Entre 10 y 15h a la semana perdidas en el transporte.

Vivir rodeados de ruido, coches, humo, estrés... suele pasar factura y nos robotiza y nos deshumaniza. Al no disponer de espacios naturales cerca la solución fácil suele ser estar delante del televisor, lo que nos separa aún más de nuestros orígenes.

Y el fin de semana hay que huir a donde sea ¿verdad? Estar en la playa, en la montaña, en cualquier pueblo, cuanto más pequeño mejor y cuanto más rural mejor. La pulsión del ser humano de vivir rodeado de lo natural vive en nosotros y, aunque estemos años ocultándola, se revela una y otra vez para intentar indicarnos un camino distinto.


Siempre he creído que vivir en la ciudad es algo extraño para el ser humano, pero nos acostumbramos porque allí tenemos a nuestra familia, a nuestros amigos, nuestro trabajo (seguramente el tema más importante). De hecho, si nacemos ya en ella, será más complicado de salir, pues la ciudad nos atrapa con mil reclamos.

No os negaré que me gusta ir a Madrid y a Barcelona y pasear o cenar con los amigos. Ver conciertos, teatro... Es innegable. Seguramente están las mejores librerías y los mejores cines. Me gustan las ciudades para ir de visitante, de guiri, como algo ocasional, no para vivir en ellas.

Por fortuna cada vez es menos necesario estar en la ciudad. Las comunicaciones llegan a los entornos rurales, se puede estar conectado al mundo laboral sin problemas y, si realizamos trabajo sentados en un escritorio delante de un ordenador y un teléfono, probablemente lo único que nos falta para irnos a vivir al campo y mejorar sustancialmente nuestra calidad de vida y la de los nuestros es falta de voluntad.

Os animo a que lo intentéis. Descubriréis lo maravilloso que es cuidar tu huerto y recoger tus tomates, pimientos verdes, calabacines, habas...

Escuchar el canto de los pájaros al amanecer cada día es la mejor sinfonía soñada para despertar. "Ensuciaros" las manos con la tierra os dignificará y os quitará ceros y unos de vuestro cuerpo, que buena falta nos hace.

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