© Josep Ros. Con la tecnología de Blogger.

Viaje relámpago a Tenerife, la panza del burro y las dos Españas.

Tras la decepción de la compatibilidad entre BESR 7 y VI3 me he tomado unas mini-vacaciones de 2 días en una formación programada de Windows Vista en Tenerife. Aquí el que no se consuela es porque no quiere. Podría decir que tengo que currar y dar una vez más el curso de instalación y administración de Windows Vista, pero mejor plantearlo todo como unas vacaciones permanentes.

Me llama la atención la gente que trabaja en este mundillo de la informática y van con cara de amargados por la vida. Realmente si vales mínimamente, puedes vivir como un señor y montártelo mínimamente bien como para sonreír y vivir la vida. Claro que amargados hay en todas las profesiones y esferas sociales. Yo, por el mismo precio, elijo el optimismo.

Cuando viajas a Tenerife o a cualquier otra isla de las maravillosas Islas Canarias, al entrar en el avión, te dan un vale por una hora. Claro, esa hora es la que te quitan por ir tan lejos. Luego de regreso, tienes que guardar bien el resguardo, te la devuelven. Conozco a gente que ha perdido ese tiquet y no veas qué putada, estar en la península con el reloj marcando una horita menos... :-)

La gente de Tenerife es adorable. Al igual que en Asturias y otros lugares, su manera de hablar te calma y te devuelve a un mundo que existe y que la mayoría no visitamos como consecuencia de nuestro acelerado modus vivendi.

En las islas afortunadas tienen un sistema de aire acondicionado natural. Qué morro! Me lo contó un alumno, mientras se pedía su “cortado con leche y leche”. En algunos meses del año se instalan sobre las islas unas densas nubes grises como la panza de un burro que tapan el sol. Eso redunda, claro está, en temperaturas más moderadas. Para postres vienen unos vientos llamados alisios y ventilan el asunto, constituyendo un portento de la naturaleza para goce y disfrute de los isleños. Mientras, los pobres que vivimos a orillas del mediterráneo, ajo y agua: nada más salir de la ducha ya estamos sudando de mala manera.

Para ir a Tenerife tenía 2 opciones: ir vía Barcelona en un vuelo más económico o ir desde Madrid en un vuelo más caro y teniendo que coger también el AVE desde la estación de Camp de Tarragona, que es la que más cerca me queda. Como sabéis no me gustan las opciones fáciles, así que propuse ir por la ruta complicada. Qué coño! hay que mover la economía del país ¿no? Viajar en el AVE es una gozada. Puntual como una mala cosa, todo limpio, te ponen una peli y la ves perfectamente en televisiones de nuestro siglo, en resumidas cuentas aquello que espera uno obtener por aquello de vivir en una economía occidental en el año 2007. Sin embargo, si te descuidas y coges un tren de la maravillosa RENFE con destino, pongamos, León o Galicia, por no hablar de los increíbles cercanías que hacen la ruta desde Alicante hasta Orihuela, nos trasladamos, ipso-facto, a otra España, la España rancia de hace demasiados años. Digo yo que igual que se hacen revisiones de los vehículos particulares, la famosa ITV y si el coche no está en condiciones, pues se retira, algo similar debería suceder con el transporte público. Hay trenes en los que hay grafitis originales del mismísimo Matusalén, cuando era adolescente y le pegaba por escribir en las paredes.

Junto con los trenes que lleven más de 300 millones realizados, propongo que retiren también a los revisores mala-ostia que tengan más de 300 años. Recuerdo hace unos días, regresando desde Barcelona a casa, tras una consultoría, que el tren iba a reventar. Normalmente los viernes sucede algo que aquellos que, como yo, utilicéis habitualmente el transporte público, habréis notado y es que hay como muchos más pasajeros. No sé exactamente la cantidad, tal vez no sea el doble, pero casi o más. El caso es que los trenes se llenan y los pasajeros no pueden sentarse. En un viaje de 50 minutos pues según cómo puede ser una putada ir como una sardina enlatada... Os sugiero que, la próxima vez que subáis en un tren de cercanías o del tipo que sea, miréis el lugar donde pone el número de viajeros sentados que pueden ir, que coincide con el de asientos y el máximo de viajeros que puede ir. Fliparéis colorines. ¿Cómo coño hacen para calcular el número máximo de personas tan exageradamente alto? ¿Traen maniquís y los van poniendo apilados uno encima de otro? Pero no nos desviemos de lo que quería decir. Una señora de unos sesenta años, gruesa, con esas bolsas enormes cargadas de objetos que llevan las mujeres a los 60 años, se quedó de pie en el pasillo. Nuestra juventud: adolescentes entre 12 y 32 años tienen la educación muy oculta, exactamente en el fondo de la VideoConsola. Evidentemente nadie se levantó y le cedió el asiento. Que se joda la vieja esa, que se hubiera quedado en casa. La mujer, cuando acudió el revisor, le dijo: ¿cómo es que no ponen ustedes más trenes los viernes para que nos podamos sentar? El revisor, que tenía 299 años, edad de prejubilación de la RENFE, en lugar de decirle, señora, es lamentable que se tenga usted que tirar una hora o más de pie, déjeme que reclame si algún joven le cede el asiento (aunque sea tras tragarse la Play), o decirle cualquier otro lamento infumable, del tipo: yo soy un mandao, eso reclámelo usted en el servicio de Atención al Cliente de Sants, oiga... o al Maestro Armero, en su defecto... Le suelta, el muy kbrong, ni corto ni perezoso: ¡¡pues no coja trenes de la RENFE!! Es que hay que tener poquísima vergüenza :-) Algunos de los viajeros próximos le dijimos 4 lindeces al susodicho revisor que evitaré poner aquí porque no vaya a ser que lo lea un menor y aprenda insultos tecnológicamente avanzados :-) Ojalá aparezcan 20 empresas que pongan mil trenes y podamos vender la RENFE a la compañía alemana de confianza que no sé cómo se llama, le diremos Luftrensa.

Es necesario tener poquísima vergüenza para ser un alto responsable de RENFE y tener los santos cojones de ir a una estación cualesquiera de nuestra querida patria y ver como una persona mayor, probablemente con varices (no ha podido ir a cambio radical, comprendedlo), poca visión y movimientos lentos y torpes que viene del médico con las radiografías en la mano, tiene que subir a un maravilloso TALGO o a un cercanías o tren de media distancia. Sólo abrir la puerta a veces es misión imposible. Yo, como me gusta mucho el tenis, llamo al Rafa Nadal. Oye Rafa, déjate ya de ganar tantos partidos de tenis tío y ábreme la puerta del tren. El chavalote llega, con esos pedazos de bíceps y, aunque le cuesta lo suyo, acaba consiguiendo la proeza de abrirla. Luego hace ese gesto de apretar el puño y dice aquello de Vamos Rafa!!. Esa gesta me permite ver el ingenio de los ingenieros del siglo pasado (o del otro, del siglo XIX seguramente) que hicieron la virguería de conseguir que, al abrir la puerta, maravillas de las maravillas, ¡¡¡aparecieran unos peldaños con los que poder subir al tren!!! Que para que se utilicen adecuadamente tengas que ser Sansón y tener unos pies del número 25 no entraba en los cálculos de los susodichos: no pidáis tanto joer... Temblad americanos os vamos a llenar los ueséis de trenes de la RENFE, con un Rafa Nadal en cada puerta para que las ancianitas no se maten al subir o bajar del tren.

Algo similar sucede con Iberia (o tenemos que llamarla ya Lufthansa?) y los asientos de super-lujo de la business class que dan pena peníta pena. En la clase turista, en la que yo viajo normalmente, excepto cuando quiero despilfarrar el dinero, el tema de los asientos no se nota tanto, simplemente son cutres y ahí acaba el tema. No son cutres con pretensiones de tecnología avanzada de Mayo del 68. ¿Cuántos viajes hace falta que haga un avión entre la península y las Islas Canarias para que tengan la ética profesional y dignidad humana de poner unos asientos para personas? Y es que las dos verdaderas Españas son las de los super-lujos tecnológicos que encontramos por doquier (sobre todo en grandes capitales) y la dura realidad de que estamos más retrasados que la Moños. Los pocos privilegiados con sueldos inconfesables de decenas de miles de Euros y la inmensa mayoría que cobran menos de novecientos euros.

Ya me perdonaréis la mega-rajada, pero es que un viaje tan largo da para largar mucho :-) ¿Os habéis reído o qué?

País de pandereta!!!

1 comentario:

Daniel Prado dijo...

A mí también me encantó Tenerife y tambíen me he currado una mini-guía de viajes....

Os dejo el enlace, ya que supongo que le pueda venir bien a algún lector.

Guía turística de Tenerife

Saludos

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