© Josep Ros. Con la tecnología de Blogger.

En casa del herrero cuchara de palo.

Pues sí, soy un castañón, lo reconozco. Como cualquier otro humano meto unas cagaditas impresionantes. He aquí que tenía que instalar mi equipo desde cero. Finalmente tuve el tiempo, los medios y las ganas (no siempre se dispone de todo en el mismo espacio temporal...) Me imprimí la versión 1.1 del procedimiento de planchado de mi equipo y me puse manos a la obra.

Había un problema con un controlador de mi portátil Latitude D800. Para salir de dudas me instalé un programa muy guapo que se llama Driver Detective. Efectivamente hay un montón de controladores que no estaban actualizados. Me puse a descargarlos y finalmente se me atragantó el puñetero driver del USB 2.0. Hay que joderse para no caerse. Me descargué un controlador equivocado de un dispositivo flash y tras 20 advertencias a las que contesté que yes que sí que ja, que cagontó... empezó a formatearse mi maravilloso disco duro USB de 250GB Lacie.

!!Tierra trágame!! Esto es lo que jamás pensé que me iba a suceder... ¿Porqué a mí? Esto es cosa del Aznar, seguro...

Pues efectivamente era cierto. Mi disco duro formateado en un 15%, lo que, como sabéis, significa que se fue todo al garito...


Y ahora ¿Qué hago? ¿Llamo a los Mossos d'Esquadra? Podría decirles que dentro del disco tenía una prueba irrefutable de que hay gripe aviar por estas lares y así seguro que me recuperarían los datos ;-)

Lo primero que se me ocurrió fue mirar el contenido del disco... La unidad L: estaba allí pero nada más.


La unidad seleccionada no tiene formato. ¿Desea usted formatearla ahora?

Joder y yo sin morcillitas de cebolla cerca que me dieran ese punto de inspiración divina necesaria para acometer tan grande proyecto. Algún día ya se me había ocurrido pensar qué sucedería si perdía todo lo que tenía en el disco y por ese motivo me compré otro. Genial lo tenía duplicado, pero claro, tempus fugit y esas cosas el disco de backup se había desactualizado un mes aproximadamente, lo que significa una eternidad con mi ritmo de trabajo de las últimas semanas.




















Lo siguiente que se me ocurrió pensar fue buscar alguna utilidad de recuperación de disco. Sabía que existían pero eran algo así como las leyendas urbanas. Las primeras búsquedas fueron, faltaría más, desalentadoras. Murphy estaba allí para dar por el protocolo. Tras unos largos minutos de desespera conseguí dar con un programa llamado Stellar Phoenix. Lo instalé y ¡¡¡maravilla de las maravillas!!! me reconocía la partición y los archivos que habían dentro: Todos!!!

Bueno eso está muy bien. Ahora vamos a ver si es broma o qué. Venga, ¡¡¡Recuperar!!! No, esto es una demo y bla-bla-bla. Joer y yo con estos pelos.

¿Y ahora qué hago? Me corto las venas o me las dejo largas... Cagontoloquesemenea!!

Por suerte me acordé de que mi amigo Félix lo había comprado y finalmente tuvo el asunto un final feliz y pude recuperar todos los archivos. La velocidad de recuperación es lenta, a pesar de ser un bus USB 2.0 y pide recuperarse (necesariamente) en otro dísco. Bueno pues poco a poco, de 80 en 80 GB. Biennnnnnn!!!!!!!!! Oleeeeeeeeeeee!!!!!! Todo recuperado!!!! Olé Olé y Olé!!!!

Esta herramienta pasa, pues, a englosar mi caja de herramientas, junto con otras joyas como Symantec LiveState Recovery y similares. Os la recomiendo, es una maravilla.

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