© Josep Ros. Con la tecnología de Blogger.

Desde Melilla con amor...

Ya hace casi una semana que llegué a Melilla por cuarta vez. Justo hace un año que vine y he ido regresando una y otra vez a dar mis clases y hacer mis consultorías... Antes de coger el avión que me iba a traer aquí, desde Málaga, tenía el cerebro hecho un colador por las turbulencias que había tenido en el vuelo anterior al pasar por Sierra Nevada. Una chica jóven que estaba sentada junto a mí en el primer vuelo también iba a coger este. Ella hablaba con alguien conocido y decía en el andalúz de aquí:

Ya llego, qué ganas tenía...

Sin embargo yo estaba a punto de llegar al lugar más alejado de mi casa. Qué diferente se ve la vida en función de quienes somos. El hecho de vivir en Torredembarra, una población costera de Tarragona con una playa preciosa, hace que también sea catalán y eso, cuando no se está en Catalunya acostumbra a ser más un problema que una característica más de la persona como ser moreno, de una determinada altura y llevar o no gafas. Hoy mismo, mientras comía, escuchaba cómo los comensales de la mesa de al lado hablaban del famoso estatut y de la cantidad de dinero que tenemos por allí. Finalmente descubrí que eran murcianos (como mis padres) porque hablaban de cómo elaboraban uno de los platos típicos de allí. Debo dar, entonces, gracias a los señores del PP y a Carod-Rovira & company por alentar el anticatalanismo que hay en España y el antiespañolismo que hay en Catalunya. Si alguien sabe algún método para eliminar a todos los políticos de la faz de la tierra que me lo diga, plis.

El despegue, sin embargo, hizo que mi dolor de cabeza fuera a menos (cosa curiosa). Sonó un piano delicioso que, tras separarlo del zumbido ensordecedor del pequeño avión de la señorita pepis reconocí como una de los mejores temas de Wim Mertens, por aquel tiempo bajo la etiqueta del grupo Soft Veredict. No conseguí recordar el nombre exacto del tema, aunque lo ubicaba en el trabajo Maximazing the audience. Finalmente recordé que escuchaba The Fosse. La belleza de esos sonidos me hizo venir a la mente un recuerdo de algo que aún no había sucedido: el nacimiento del próximo hijo de Luisma, un buen amigo de aquí. Era cuestión de días que tuviese el segundo hijo. Finalmente me confirmó que aún esperarían un par de semanas, de manera que probablemente coincidirá su nacimiento con mi marcha de regreso a casa.

Al aterrizar veo que hay cosas que no cambian.. la larga espera hasta que traen la maleta en la cinta transportadora... los grandes mercedes disfrazados de taxis que me esperan a la salida del aeropuerto... las mismas casas, las mismas calles y las mismas personas. El saludo de la recepcionista del hotel Melilla-Puerto:

Otra vez de vuelta!!

Tras dejar el equipaje en la habitación bajo a comer y me encuentro a Said, el camarero más dicharachero de Barrio Sésamo que me dice más o menos lo mismo que la recepcionista. Este buenhombre, de origen claramente magrebí, ha visitado medio mundo: Estocolmo, Lisboa, Roses en la Costa Brava de Girona, Lanzarote, Londres... Es la única persona que me habla bien de lo catalán. El mejor sitio dónde ha estado, me dice. Es cierto que muchas personas me han comentado la belleza de la costa norte de Girona y, en general, del Empurdà, pero Said hace hincapié que jamás tuvo problemas de racismo allí, nadie le hizo sentir incómodo:

El catalán es culto, sabe lo que habla, es tolerante.

Le comento que la tolerancia proviene de ver a muchas personas y conocer muchas culturas, aceptarlas, respetar las diferencias e intentar comprender aquello que nos separa, en lugar de calzarnos la boina a rosca y escondernos tras una bandera.

En las primeras comidas con los clientes y colegas de aquí, cómo no, sale el tema de la reforma del estatuto. La incomprensión hacia el mismo es total y hacerlo entender es misión imposible. Sin embargo intento hacer ver que quienes tanto critican lo nacionalista (catalán) son los más nacionalistas (españoles). También les digo que lo más importante para mí es que lo que hay a mi alrededor esté bien, que la gente que quiero esté bien y que mis clientes estén contentos, independientemente de dónde estén y cómo se identifiquen. Finalmente coincidimos en que los políticos no están haciendo una buena labor y llegamos a una definición de político que propongo y se aprueba por unanimidad:

Político: persona capaz de vender a su madre y volver a comprarla y vendrela un número indeterminado de veces.

Estos días tengo mucho trabajo y paso casi todo el día sentado frente al ordenador, mirando mails, redactando temas para un curso y practicando con VMware P2V Assistant cómo virtualizar un sistema. Pronto hablaré de esto y comentaré el proceso completo, paso a paso.

Entre tanto trabajo técnico y tanto byte, para moverme un poco, doy largos paseos por el paseo marítimo de Melilla. Tiene unos 3,5 km hasta llegar al lugar más alejado, desde mi hotel. Me he dejado las gafas de sol en casa y me molesta el sol en el recorrido que me lleva al final del paseo. Estos días hace aquí bastante calor, a diferencia de hace un año cuando cayó la mayor nevada de la historia reciente.

Mientras trabajo con mi portátil con programas tales como Virtual Server R2, VMware GSX Server, Exchange Server 2003, Xen 3.0 y otros productos, suelo poner música. Hace unos días ordené las toneladas de CDs que guardo en bobinas y aparecieron algunos discos de música, entre tanto software, copias de seguridad y derivados. Uno de ellos fue Soil Festivities de Vangelis. Hacía mil años que no lo escuchaba. Me emociona profundamente. Escuchar un tema tan delicioso tras tanto tiempo es como volver a visitar un lugar precioso que ha quedado allí, en estado latente, esperando nuestra visita para volver a la vida. Cuando veo cómo me emociona la música y lo que me gustaría tener tiempo para componer, me pregunto qué hago yo entre tanta ventanita...


Otro que también anda muy liado entre ventanas (él de Unix), aprovecho para saludarle, es mi amigo Manolo Romero que está pasando un frío del carajo en un lugar indeterminado entre Estados Unidos y Canadá de nombre impronunciable. A muchos grados bajo cero se ha alquilado un coche fantástico que le permite empezar a conducir cuando está calentito... Nos conocimos en Sevilla, a través de un amigo común, Jorge (que se dejó malaconsejar por mí y ahora está en Barcelona) que nos puso en contacto y que nos conoció a ambos aquí, en Melilla. Es el profesor que conozco capaz de emitir más millones de palabras por segundo. También es una persona junto a la que no puedes dejar de reír. Espero que las carcajadas no rompan ninguna capa de hielo de ningún lago de Minnekonta. Regresa pronto y haznos reír.

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